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5/9/10

Vinculación Sociedad-Gobierno

Tips para la buena vinculación Sociedad-Gobierno

Si usted es una persona en el servicio público:

Considere el asunto con seriedad
Producir toneladas de anuncios, folletos y twitts no basta para reforzar las relaciones entre las instituciones públicas y los ciudadanos.

Las relaciones entre las instituciones públicas y los ciudadanos no se pueden medir en términos de número de documentos publicados por las instituciones públicas, ni de número de videos producidos, entre otras cosas.

Aunque estas cifras puedan tener su importancia, lo que cuenta sobre todo, es lo que ocurre con todos estos soportes.

¿Qué informaciones contienen? ¿Llegan a su público o permanecen en algún archivo? ¿Los ciudadanos utilizan realmente estas informaciones o las rechazan? ¿Registra la administración las respuestas de los ciudadanos y les reconoce un valor, o hace oídos sordos? ¿Estas actividades refuerzan sus relaciones con los ciudadanos, las mantienen igual o las empeoran?

Para obtener buenos resultados, las instituciones públicas deben preparar metódicamente las actividades de información, consulta y participación activa. Reforzar las relaciones entre instituciones públicas y ciudadanos, representa todo un trabajo (un trabajo interesante, incluso apasionante) que debe tomarse con seriedad.

Hay que plantearse objetivos, preparar e implementar acciones que permitan alcanzarlos, luego evaluar en qué medida se alcanzaron. Objetivos de la vinculación Sociedad-Gobierno, que se refieren a la participación activa y efectiva -no simulada como suele acostumbrarse en muchas partes- en labores de planeación, programación, presupuestación, coordinación, concertación, ejecución, control, evaluación y rendición de cuentas.

Es necesario abrir las instituciones públicas e ir después al encuentro de la ciudadanía; establecer y mantener relaciones que sustenten la democracia.

Sí, también se pueden utilizar folletos de papel couché, redes sociales como twitter, facebook, etc. para alcanzar al público, pero, siempre que sirvan para alcanzar los objetivos fijados.

Cumpla sus promesas
El engaño y las manipulaciones se volverán contra usted.

Es primordial cumplir la palabra e inspirar confianza.
Si las instituciones públicas quieren reforzar sus relaciones con los ciudadanos a largo plazo, deben cumplir sus promesas.

Fingir informar plenamente a los ciudadanos, pedirles su opinión, incitarles de manera activa a participar en la elaboración de una política sin hacerlo verdaderamente, no podrá sino decepcionar a los ciudadanos y volver más difícil su participación futura.

Fingir, es por ejemplo organizar actividades como si fueran un fin en sí o con el objetivo de decir que los ciudadanos fueron consultados, por ejemplo: en la formulación del plan de desarrollo; en el análisis de un proyecto de alto impacto social; etc. Es también fingir: afirmar que se involucra a los ciudadanos de manera abierta y representativa cuando se invita solamente a los que tienen las mismas ideas que usted. Es actuar como si los derechos a la igualdad de acceso a informaciones completas e imparciales fueran respetados cuando en realidad se respetan sólo los de una minoría y de manera sesgada o incompleta.

Las instituciones públicas pueden naturalmente utilizar herramientas que existen de diversos tipos para fines distintos al sano fortalecimiento de las relaciones instituciones públicas-ciudadanos. Pueden utilizarlas por ejemplo para contrarrestar protestas, desviar la crítica, postergar decisiones difíciles, hacer recaer en otros la responsabilidad de medidas impopulares o fingir responder a presiones internacionales de sus pares. Sin embargo, deben recordar que así socavan simultáneamente sus relaciones con los ciudadanos, con graves consecuencias para su legitimidad y para la democracia.

No se refuerzan las relaciones instituciones públicas-ciudadanos para “vender” alguna política. Aquí las instituciones públicas no tiene nada que vender y los ciudadanos nada que comprar.

Si las instituciones públicas quieren beneficiarse de las ventajas de una asociación con los ciudadanos en la toma de decisiones, deben hacerlo con auténtica honestidad.

Aún con las mejores intenciones, las instituciones públicas pueden entramparse en promesas no cumplidas y ciudadanos decepcionados, ya sea debido a interrupción de iniciativas por falta de medios, o porque los responsables no han valorado correctamente lo que está en juego.

Los funcionarios corren el riesgo de encontrarse así aislados en momento cruciales, por ejemplo, cuando hay que tomar en cuenta las aportaciones de los ciudadanos para tomar decisiones.

Una buena programación presupuestaria y un compromiso duradero de los servidores públicos son condiciones primordiales del éxito.

Arbitre los conflictos de interés
Domine el reto político de la divergencia de aportaciones.

Cuando existe un fortalecimiento de las relaciones instituciones públicas y ciudadanos a través de consulta y participación activa de la población, las instituciones públicas reciben numerosas aportaciones que pueden utilizar para mejorar el proceso de toma de decisiones.

¿Pero qué pasa cuando les llegan desde varias fuentes aportaciones contradictorias?

Grupos de interés y organizaciones muy importantes de la sociedad civil pueden ser favorables a ciertas opciones, mientras que los sondeos pueden revelar la existencia de una fuerte hostilidad hacia ellas de parte de una mayoría de ciudadanos.



Si las instituciones públicas escuchan principalmente las aportaciones de grupos de interés, de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) y de expertos, corren el riesgo de constatar que las opiniones expresadas reflejan el interés específico de una minoría.

Si se dejan influenciar por los sentimientos del público, pueden perjudicar a grupos importantes o comprometer otras políticas públicas.

¿A qué público se debe escuchar?

Un gobierno se elige para elaborar una política y tomar decisiones.
Puede decidir obedecer las solicitudes de los ciudadanos y de los grupos; dicho de otra manera, debe estar abierto a lo que los ciudadanos aportan al proceso de toma de decisiones.

Puede también decidir seguir más bien su propio camino y demostrar iniciativa.

¿Qué hacer? ¿Cómo resolver estos dilemas?

La respuesta está en que las instituciones públicas descubran que quizás deben hacer todo a la vez: tienen que tomar decisiones y demostrar iniciativa, así como estar atentas al público.

Tienen que tomar en cuenta intereses difusos y organizados, arbitrar entre los intereses existentes, tomando en consideración simultáneamente la continuidad y el cambio. En el fondo, es otra manera de definir el oficio de gobernante.

El fortalecimiento de las relaciones instituciones públicas-ciudadanos ofrece herramientas para tratar estos dilemas sin por ello prejuzgar el resultado de las decisiones gubernamentales.

La información, consulta y participación ciudadana activa pueden desembocar en compromisos a mediano plazo con un amplio consenso, pero pueden también mostrar puntos de vista divergentes y plantear múltiples interrogantes pendientes.

Lo que aporta el fortalecimiento de las relaciones instituciones públicas-ciudadanos, es el esclarecimiento de lo que está en juego, la oportunidad para los ciudadanos y las partes involucradas de hacer oír su voz, dar su opinión y debatir con otros: la emergencia de un consenso se vuelve entonces posible.

En cuanto al poder público, dispone de una visión más amplia de las opiniones e intereses, de un medio de arbitraje y de un fundamento más sólido para la toma de decisiones.

Prepárese a recibir críticas
La crítica y el debate forman parte de la democracia.

Consultar a los ciudadanos o hacerles participar en la toma de decisiones rara vez lleva a plebiscitar o “legitimar” al gobierno. En particular, si los ciudadanos han tenido pocas oportunidades de expresarse, pueden aprovechar esta primera oportunidad para manifestar su ira o su frustración.

Pueden simplemente decidir no seguir las opciones propuestas por el gobierno. Para los funcionarios idealistas puede ser una experiencia decepcionante. Si estiman que las políticas del gobierno están bien concebidas y sirven lo mejor posible los intereses de los ciudadanos, enfrentar reacciones desfavorables quizá constituya para ellos un shock.

Por ejemplo, ¿qué podría ocurrir si se consulta acerca de la selección realizada de funcionarios públicos en una nueva Administración? (en donde no se tenga instituido el Servicio Público de Carrera para personal directivo). ¿Les aplaudirán por las selecciones hechas? Si no se está preparado para recibir críticas al respecto, mejor no consulte.

La regla de oro en materia de información, consulta y participación ciudadana activa es la siguiente:

Si invita a unos ciudadanos a decir lo que piensan, no debe sorprender si hacen exactamente eso. Y prepárese para descubrir que las ideas de los ciudadanos no coinciden exactamente con las suyas: después de todo, el objetivo perseguido es recoger las ideas de los ciudadanos, no sus aplausos.
Además de las críticas de los ciudadanos, los servidores públicos tienen problemas con los representantes, no menos críticos, de la prensa, de los grupos de interés y de las OSC.

Los críticos del gobierno pueden utilizar las actividades de consulta y participación activa propuestas por las instituciones públicas para explicitar su oposición.

La situación es muy similar a la de los ciudadanos que se expresan a título personal, pero plantea un problema mucho más grave.

Las voces de los medios de comunicación y de las OSC llegan a un amplio público, a diferencia de la voz del ciudadano medio.

La crítica formulada por aquéllos puede llevar a divergencias abiertas y a conflictos.

Los gobiernos no están obligados naturalmente a dejar sin respuesta críticas injustificadas y tienen derecho de expresar claramente su punto de vista.

Deben, sin embargo, estar conscientes de que una actitud abierta e incluyente hacia los ciudadanos, las OSC y los medios no los protege de críticas y conflictos.

La información, la consulta y la participación ciudadana activa refuerzan las oportunidades de tener un debate constructivo, políticas de mejor calidad y un clima de confianza mayor hacia los poderes públicos.
En cambio, no ofrecen ninguna garantía ante las críticas y los conflictos, ya que son constitutivos de la democracia.

Actúe ahora
Más vale prevenir que curar.

No espere que su gobierno o institución enfrente dificultades y esté obligado a reaccionar.
Tome la iniciativa y aproveche todas las oportunidades.
Trate de impedir la aparición de problemas vinculados a una mala relación con los ciudadanos, no espere para actuar que estalle una crisis.
Es fácil para los poderes públicos conservar la confianza de los ciudadanos, pero muy difícil recuperarla cuando se ha perdido.

Para aquellas instituciones públicas que no tienen mucha experiencia con el uso de herramientas para el fortalecimiento de las relaciones con ciudadano/as, resulta esencial comenzar a utilizarlas, pero no necesariamente cubrir todos los frentes.

Los operadores políticos, los servidores públicos y los ciudadanos necesitan tiempo para habituarse a la información, consulta y participación activa. Se requiere caminar paso a paso. Se puede empezar por implementar estructuras jurídicas, gubernamentales e institucionales y lanzar acciones piloto a título experimental.

Se darán cuenta de que es más fácil, quizá, comenzar por actividades de información y consulta.
Para los gobiernos o instituciones específicas que disponen de una larga experiencia, la participación activa es seguramente un campo donde pueden conquistar nuevos territorios y desarrollar prácticas ejemplares.

No hay razones para esperar, sino muchas para comenzar.

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