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28/7/11

¿Líderes o “jefazos” y “jefazas”?


Hacer una distinción clara y precisa entre estos dos conceptos, líder y jefe o jefa, que tienden a confundirse en el lenguaje común, es de vital importancia para el buen funcionamiento de las organizaciones humanas, cualquiera que sea su naturaleza y el ámbito en que se desenvuelvan.

A continuación, nos referiremos a los “jefazos”, pero, incluyendo en esa denominación también a las “jefazas”, para simplificar los términos.

Y la razón es de peso, pues la diferencia entre los líderes y los jefes (o “jefazos”, como peyorativamente los denomina el experto Aníbal Basurto Amparano en su libro “Sistema Empresa Inteligente”) es radical y efectiva, en cuanto proceden de raíces diferentes y generan efectos diversos.

El “jefazo”, dice Aníbal Basurto, los es (radicalmente) por posición dentro de la organización, es decir, porque es el dueño o es el gerente o tiene algún cargo de poder formal o por nombramiento, mientras que el líder lo es por autoridad moral, por sus propios méritos, por la influencia benéfica que ejerce sobre sus seguidores.

Puede ser, y en muchas ocasiones lo es, que el líder también tenga una posición formal de poder, que sabe ejercer mejor que nadie para el beneficio de la organización, aunque a veces no tenga ese poder formal.

Basurto Amparano explica, en su libro antes citado, que el “jefazo” ignora lo que significa dirigir, a lo más se limita a mandar, esto es, a dar órdenes justificándose simplemente porque es el jefe, como si eso fuera la razón total válida para dar órdenes a su antojo.

Hay que apuntar que entre dirigir y mandar existe el abismo del conocimiento:

►quien dirige, sabe cómo se tienen que hacer las cosas y es un apoyo efectivo para el asociado o la asociada que las tiene que hacer;

►mientras que a quien manda no le importa cómo se hagan, sólo espera resultados, sin poner nada de su parte para que se cumplan los objetivos señalados.

En contraposición, dice Basurto Amparano, el líder o la líder es guía de su equipo, aguanta con paciencia el proceso de aprendizaje de sus seguidores, es en realidad un maestro o una maestra, más precisamente, un líder maestro o maestra.

Trato y relación

Otra diferencia fundamental entre el líder y el “jefazo” que analiza Aníbal Basurto, está en el trato y las relaciones humanas que entablan con su equipo de trabajo.

El líder es sencillo o sencilla, gentil, de gran aproximación con las personas, en base a una autoestima sana, gracias a un cierto nivel de sabiduría que ha ganado con todo el conocimiento acumulado solícitamente a lo largo de su vida, mientras que el “jefazo” es frecuentemente un ignorante del comportamiento humano, lo que lo vuelve un o una insensible, déspota y soberbio/a con sus subordinados.

El “jefazo” tiene problemas de autoestima que manifiesta pintando su raya al exigir respeto exagerado, y además se mantiene distante de los colaboradores para evitar que vean sus lados flacos, por miedo a perder su “poder”.

Con el líder o la líder, el trato es fino, suave, es fácil hacerle ver cuando se equivoca, porque es humilde, conocedor de la naturaleza humana y no se hace ilusiones de ser perfecto, mientras que con el “jefazo”, para el subordinado es punto menos que imposible hacerle ver sus yerros, aunque el “jefazo” también tiene un trato suave y fino, pero sólo con sus jefes, con quien es todo miel sobre hojuelas, nunca con los subalternos, para quienes reservan la bota de punta dura. El asunto se torno más grave cuando ese “jefazo” es o se cree la máxima autoridad en su institución u organismo, y siente que no tiene jefes arriba de él o ella.

Servicio y clientes

Para el líder, la frase “el cliente es lo más importante”, no es demagogia, es la realidad en que enmarca toda su operación y por lo tanto trabaja para compartir este paradigma con sus colaboradores y para orientar a toda la organización hacia esta brillante meta de servir al cliente, al que ve como persona, no como súbditos.

Para el “jefazo”, la palabra servir sólo tiene sentido si atiende a sus “jefazos” servilmente o si el mismo se sirve con la cuchara grande, en cualquier otro contexto carece de significado, además de que para él, el cliente es sólo un ser orgánico animado que es muy latoso, que le quita tiempo y sólo le da dolores de cabeza.

Visión y trascendencia

Aníbal Basurto especifica que mientras el “jefazo” vive enfrascado en el hoy, el líder tiene una visión de futuro.

El “jefazo” frecuentemente se embota con la operación cuando ha llegado a su nivel de incompetencia y por ello necesita desesperadamente demostrar que hace algo, por eso su relación con los subordinados se basa en medir, supervisar, exigir, corregir hasta cosas simples y volver a corregir para tratar de demostrar que sabe más o simplemente para demostrar que es el “jefazo”.

Por su misma ignorancia, no comprende el futuro.

Mientras, el o la líder usa el futuro como motor de la organización, de manera que todo lo que emprende tiene una finalidad hacia delante y la operación tiene como fundamento los valores, el conocimiento, las habilidades y las actitudes que va desarrollando en sus seguidores, por lo que sus relaciones con ellos están basadas en el crecimiento personal que van logrando. 

Para el “jefazo”, trascendencia es una palabra hueca y podríamos pensar que hasta de carácter esotérico, cuyo significado se le escapa, mientras que el líder hace que su visión trascienda a través de sus enseñanzas e incluso la hace ir más allá del límite de su propia vida.

Resulta entonces que “jefazos” y líderes son dos especies distintas, que se diferencian por sus fines y sus acciones, aún cuando conviven en el mismo tiempo y a veces en el mismo espacio. Falta ahora saber si quienes comandan nuestras organizaciones son viles “jefazos” o "jefazas" o auténtico/as líderes. Ustedes juzguen.



Fuente: Basado en un artículo de Guillermo Frescas en www.RevistaStratego.com

Comentario:

No cabe duda que nuestro querido maestro Aníbal Basurto Amparano, tiene razón al afirmar que uno de los personajes que ha logrado sobrevivir a los cataclismos, a la guerra nuclear, a la era de hielo, con una resistencia superior a cualquier insecto, son sin duda los JEFAZOS y las JEFAZAS. Eso/as siniestro/as personajes que pululan por cada organismo, unidad, oficina o departamento de la administración pública en sus tres niveles y aun mas en la administración pública descentralizada e instituciones autónomas, supuestamente administrando los bienes y servicios públicos o realizando otras funciones gubernamentales, pero en realidad están haciendo todo lo contrario: dejando las arcas vacías, haciendo trizas la pobre competitividad nacional y local, paralizando las mejores acciones de sus antecesores, y evitando con ello el desarrollo de las personas, el económico y financiero de las organizaciones, contraponiéndose al Sistema de Empresa Inteligente (SEI) de formar lideres, que se han convertido en “el principal detonante de valor de los clientes y de las organizaciones del nuevo milenio”. Sin embargo, y como dijera Galileo, se mueven, estos muertos vivientes que son los jefazos y las jefazas, siguen subsistiendo en el Sistema de Empresa inteligente. Dictando lo que sus pobres y débiles mentes les indican, llevando a la zozobra a miles de personas.

Existen así los y las “líderes autoritario/as” con estas características:

El mando autoritario parte de la idea que él o ella lo sabe todo mejor que sus dirigido/as, y lo curioso es que cuando no sabe algo, se ve forzado/a a dar la imagen de enterado/a, presionando, gritando o imponiendo su autoridad para que sus colaboradore/as no tengan oportunidad de poner tela de juicio sus conocimientos.


La relación con colaboradores es buena sólo cuando éstos a su vez se consideran inferiores, y que el jefe (por el solo hecho de serlo) sabe más que ellos y es un ser superior.

Estas imágenes de jefe-subordinado, no sólo son anticuadas sino que son propias, lamentablemente, de la falta de cultura y preparación de las personas.

Por ello, las herramientas del cambio, que propone el Sistema de Empresa Inteligente deberían de aplicarse en la administración pública en todos sus ámbitos, como son, entre otros, el Método y el Ateneo donde deberán demostrar su eficacia para hacer de cada micronegocio, empresa, departamento, organismo o dependencia una organización de éxito, que promueva la competitividad, el desarrollo del equipo humano y obviamente la obtención de mejores resultados, incrementando la eficiencia en el uso de los recursos que le suministra la población que por ahora “cuidan” celosamente los jefazos y las jefazas.
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Libro "Sistema Empresa Inteligente" por Anibal Basurto Amparano:



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